Vela fúnebre, mascarilla y jeringa médica. Material para la eutanasia.
Cultura y Ocio

La eutanasia, derecho a morir con dignidad (Opinión)

Hoy día, desafortunadamente, hay muchas enfermedades para las que no se ha encontrado una cura o un paciente no tiene opción a recuperarse. Es una realidad que algunos de estos pacientes terminales, ante una muerte inminente, prefieren anticiparse a la situación. Quieren poder optar por paliar con unas circunstancias decadentes, mediante una muerte asistida, conocida como eutanasia.

Si bien este es un tema que se ha llevado a debate las pasadas décadas, la regularización del derecho a la eutanasia es un tema que ha pisado fuerte en los últimos años. De hecho, hace unos meses, se abrió la posibilidad de la legalización del derecho a la muerte digna en el territorio español, de forma definitiva.

Sin rodeos, hay veces en que morir es mejor que vivir. Esto es lo que afirman algunos enfermos terminales. Con el paso del tiempo pueden ir perdiendo facultades físicas y mentales. Por ello, frente una patología incurable y agónica, quieren, por decisión expresa y personal, reencontrar su paz interior. Es por ello que piden una forma de poner fin a su vida premeditadamente. De forma digna. Ante un descenso constante de la calidad de vida de uno mismo. Sin que ello suponga ser tratados de criminales o estar fuera de la legalidad.

Un conocido caso es el de Ramón Sampedro, gallego. Después de más de 28 años en estado tetrapléjico, con la ayuda de manos amigas y en la penumbra de la justicia, logró poner fin a su vida. Fue en 1998, con 55 años, cuando murió en un acto de gran coraje, reflexión personal y dignidad.

Creencias, religión y eutanasia

A de determinadas excepciones, para múltiples instituciones religiosas católicas el derecho a la eutanasia es considerado como una alteración del desarrollo de la naturaleza humana. Supone un pecado y puede considerarse un suicidio en sí mismo. Esta creencia para algunos interfiere con la voluntad de Dios y, por ello, consideran que la muerte asistida no puede ser legalizada. Tampoco en casos terminales de sufrimiento severo.

Desde mi punto de vista, es absolutamente legítimo rechazar la muerte asistida debido a creencias o religiones personales. Sin embargo, considero que en ningún caso debería poderse restringir la voluntad de cualquier individuo ajeno a uno mismo a elegir con plenas capacidades una forma de poner fin a su vida, respetando su dignidad y persona.

Todas las creencias y formas de pensar deben ser respetadas. Esto implica no imponer las formas de pensamiento de una religión o creencia superponiéndolas a otras premisas perfectamente respetables y a elección del propio paciente, o viceversa. Por lo tanto, pienso que la elección por la eutanasia debe facilitarse siempre que el mismo paciente así lo solicite.

Es debido a estos motivos que el derecho a poder optar para una muerte asistida es esencial en el caso de pacientes terminales, más aún en situación de agonía. Por ello es indispensable reclamar la regulación de la eutanasia y la completa e inmediata despenalización de su realización o asistencia, ante el deseo de una muerte digna.

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